Se suele atribuir a la telepolítica el carácter de fenómeno derivado de la inevitable expansión de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) y de los procesos de modernización, más que tributario de las transformaciones en los modos de construcción social del sentido, que conciernen directamente al campo político.
Las estrategias de seducción hacia afuera del sistema político y la lucha por la ocupación de espacios de poder internamente parecen imponerse como herramientas privilegiadas de la acción política.
Con la seducción se procura cumplir dos funciones a menudo contradictorias; ganar la confianza de ciertos sectores de poder y, de manera paralela, cautivar electores masivamente.
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